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[i]  Albarracín es una población muy amante de su entorno, en esta villa se cuidan iglesias, casas, calles y plazas. Todos colaboran en su mantenimiento y restauración. Es la escuela-taller la que motiva a sus habitantes a recuperar antiguas tradiciones de la artesanía local al beneficio de la propia ciudad. Los canteros y pintores, los ceramistas, herreros y carpinteros, todos ellos colaboran y aman su pueblo natal para presentarlo impecable a cualquier forastero.

Existe un bonito libro de fotografías de Kim Castells Albarracín, un mundo de ensueño y en el texto que lo acompaña cuenta Antonio Almagro que la historia de Albarracín al abrigo de uno y otro reino, conservó sus propios fueros hasta tiempos de Felipe II.

Su nombre le viene de la época islámica, de la familia Banu-Razín de origen bereber, se alzaron como señores independientes tras la desmembración del califato de Córdoba.

Casi todas sus casas se construyeron en los siglos XVII yXVIII; el trazado de sus calles angostas y sinuosas y los altos muros que dificultan el paso de la luz, invita a imaginar como debió de ser en sus tiempos medievales.

Encajado entre unas peñas soberbias y con un clima árido, con un foso natural que forma el río Guadalaviar, sus casas arracimadas asomándose al vacío, Albarracín aparece como de repente, y su estampa es la de una fortaleza que durante siglos ha tenido que defenderse del asedio de otras comunidades.

Ahora es diferente el aire que allí se respira, lejos de tiempos de guerras, nos ofrece serenidad el paso por sus calles. Si uno fuera un poco menos urbano se retiraría a escribir sus novelas a un lugar como éste. Porque la tranquilidad no esta reñida con el avance personal, podemos imaginar como sería este mismo momento en una habitación tranquila en una de sus casas antiguas, escribiendo con el ordenador sobre una mesa de recia madera y un enorme ventanal que nos distraiga de vez en cuando con la paz de la naturaleza. Después un paseo al nacimiento del Tajo o por la ruta de las pinturas rupestres, algunas de ellas milenarios antecedentes del famoso toro de Osborne, después una refrescante cerveza en el antiguo Molino del Gato, y una caminata cuesta arriba a uno de sus restaurantes para comer unas migas con una botella de tinto.


.[ii]  Albarracín pretende ofertar tres cosas: pueblos históricos y arquitectura popular, conjuntos de punturas rupestres y espacios naturales únicos. A solamente una legua se encuentran las pinturas rupestres. Un centró de acogida, aparcamientos, mesas y barbacoas, carteles y señales nos ayudan a disfrutar de una docena de abrigos rupestres  en ese paraje protegido de los Pinares de Rodeno. Los abrigos son oquedades formadas en las paredes de la roca, algunos se alcanzan en cinco minutos y otros en media hora. Uno de los abrigos llamado Toricos del Navazo fue descubierto E. Marconell (1892) como primeras pinturas y trece años antes de que se dieran por auténticas las pinturas de Altamira. La diferencia entre las imágenes levantinas y las franco-cantábricas de Altamira o Lascaux estriba ante todo en la antigüedad: éstas son más recientes (entre 6000-1500 años), de manera que aquí se representan caballos, toros o ciervos, pero no ya mamuts y bisontes, en éstas además no figura la figura humana.

No es difícil encontrar las pinturas, velas es más laborioso, entre líquenes y tonos minerales, la silueta de un bóvido o un arquero (figura elegida como logotipo) arrastrándose por el suelo. Las Cocinillas del Obispo y el Arrastradero son los puntos más aconsejables, media docena larga de abrigos en total. Hay otras pinturas en los términos de Bezas y de Tormón,y algunas más dispersas.

Otro de los contenidos del parque serían los pueblos y motivos que etnológicos (bodegas, chozos, abrevaderos, cisternas, lavaderos...). Pueblos como Ródenas, Cella, Tramacastilla. Orihuela o Calomarde. Tres ríos que nacen en los Montes Universales: Guadalaviar (río blanco) que baña Albarracín-y luego se llama Turia-, el Tajo y el Cabriel (río Cuervo si cruzamos la frontera provincial)

 


[i] Este documento contiene información sacada de un artículo de Ignacio Martínez Pisón (El País). 

[ii] Este documento contiene información sacada de un artículo de Carlos Pascual  (El País). 

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